El día que un caballo me escogió
- Jazmin Sentis
- 21 ene
- 3 Min. de lectura

¡Bienvenid@s a Horse Bud! Éste es un espacio donde celebramos la magia de la conexión con los caballos: a través de mis propias historias, de las voces de otr@s e incluso de las sorprendentes amistades que los caballos forman con otros animales. Desde jinetes habituales hasta nombres conocidos que han compartido su pasión por los caballos, cada vínculo tiene algo que enseñarnos.
Empiezo compartiendo algunas de mis propias experiencias, con la esperanza de que, al abrirme, otr@s se sientan inspirad@s a compartir sus historias también. Para empezar, me encantaría contaros sobre la primera vez que me di cuenta de que un caballo realmente me había elegido.
Crecí rodeada de caballos. Desde los dos años, han formado parte de mi vida: su presencia, su aroma, su silenciosa sabiduría. Pero no fue hasta finales de la adolescencia que sentí algo más profundo de lo que jamás imaginé: el día que un caballo, bueno, una yegua, me eligió.
Era una yegua rescatada. Su pasado estuvo lleno de sombras e incertidumbre: muchos dueños, abandono, rumores de que mordía. Nadie conocía toda la historia. Lo que sí sabía era que tenía heridas. Cuando llegó a mi vida, me dijeron que tuviera cuidado con ella, que podría atacarme. Pero desde el principio, nunca me mordió.
Una tarde, mientras la cepillaba, ocurrió algo extraordinario. Bajó la cabeza a mis pies y empezó a olfatear lenta y deliberadamente mi cuerpo de abajo hacia arriba, hasta llegar a mi cara. Me quedé paralizada, nerviosa. No me conocía bien y no quería arriesgarme a que me mordiera. Pero en lugar de alejarla, decidí confiar.
Y entonces — tel moment que aún me hace llorar —, después de olerme la cara, apoyó la cabeza suavemente en mi hombro. Se quedó allí, respirando comigo, como si ambas supieramos que habíamos encontrado algo excepcional. Solté el cepillo y la rodeé con mis brazos. Nons fundimos en un abrazo largo y silencioso. Fue la primera vez que sentí el amor puro y sin reservas de una yegua, entregada libremente.
Ése fue el día que ella me eligió.
Durante un tiempo, compartimos un hermoso capítulo juntas, solas, sólo amor y diversión. Pero la vida me llevó al extranjero por mis estudios. No pude estar presente tanto como ella necesitaba, y los caballos no siempre entienden las obligaciones humanas. Lo único que sabía era que yo seguía íalejándome. Quedó embarazada y, después de dar a luz, volvió a morder. Pero incluso entonces, podía sentir el hilo de nuestro vínculo: me advertía tres veces antes de morder, una cortesía que no tenía con nadie más. A su manera, creo que me decía: "Te recuerdo. Te quiero. Pero tú también me has lastimado".
Fue entonces cuando me di cuenta de algo que mucha gente pasa por alto: los caballos lo sienten todo, ya sea amor, alegría, dolor, abandono, traición, miedo, trauma. No son sólo animales que montamos o entrenamos; son seres con una rica vid aemocional, reflejos de nuestra propia humanidad.
Este primer caballo me enseñó que la conexión con un caballo no es algo que tomamos. Es algo que nos dan cuando estamos dispuestos a escuchar, a confiar y a abrirnos a su corazón.
Llevaré conmigo ese primer abrazo mágico para siempre. Y espero que más personas en el mundo de los caballos empiecen a ver lo que yo vi ese día: los caballos son sensibles, conmovedores y capaces de crear los vínculos más profundos, si tan sólo les permitiéramos elegirnos.
¡Gracias por estar aquí para mi primera publicación en Horse Bud! Este viaje apenas compienza, y compartiré más historias mías, así como las de otr@s: personas como tú, e incluso algunas caras conocidas cuyas vidas han sido tocadas por los caballos. Los caballos nos conectan de maneras inesperadas, y estoy deseando que este espacio siga creciendo y se convierta en un círculo de historias compartidas y lazos entrañables.
IEn memoria de mi primera yegua, Ištá Wí (/ishtawi/), quien me mostró que los caballos realmente nos eligen.






Comentarios